“Yo le dije a mi papá que quería venir, porque quería ver cuando le dieran mi nacimiento”, afirma Annabel, que no perdía de vista el proceso de papeleo que iba realizando su padre. “Ahora yo creo que va a ser mejor, porque con mi nacimiento[1], yo sigo en la escuela y me voy a bautizar…“, indica esta niña, que desde que supo que sería declarada, empezó a trazar planes para su vida futura, que hasta ese momento tenía negados.